Adrián Barilari: «Hoy amo cantar, pero de chico lo odiaba»

El legendario vocalista de Rata Blanca presentará este sábado 20 de julio «Infierock», su quinto álbum como solista, en «Reinas Rock» (Eva Perón 3555, Florencio Varela). Ahora, mano a mano con Pogo de Rock.

Por Matías Luciano Rossi

– ¿Cómo es reencontrarse con la escucha del disco después de un tiempito de haberlo sacado?

No me canso de escucharlo.  Suena bien. Es la primera vez que hice de productor junto a Julián Barrett. La experiencia me dio ese lugar para meterme y lo disfruto mucho, estoy feliz.  Si bien no puedo mostrarlo mucho porque no dan los tiempos y porque la situación económica juega en contra para todos, el disco superó mis expectativas.

– ¿Cuánto te afecta el presente económico al que hacés referencia en este proyecto y en Rata Blanca? 

Hace cinco años, a esta altura, hacía giras. Tenía proyectos de diez shows por delante para meses. Hoy tengo un show gracias a la gente de «Reinas Rock» en Varela que nos contrató. Está todo complicado. Me hubiera gustado tener más shows .como el año pasado. Acá hablo de mi carrera como solista porque con Rata es otro nivel, tocamos mucho fuera del país. Son momentos  en los que hay que aguantar y estar al pie del cañón por si sale algo.

– ¿»Caja de Pandora» y «Enfermedad terminal, entre otros temas,  son las puntas de lanza de» «Infierock»para denunciar este presente?

Uno no puede dejar de hacerse eco de lo que pasa en el país y en el mundo. Cuando me enteré de que en Estados Unidos volvían con  “los muros”, me dije: «no aprendemos nunca». No podemos empezar otra vez con esta historia. Si cada país tuviera que levantar una pared en un mundo globalizado para que no se pase de un lugar a otro estamos fritos. Es una estupidez.  «Caja de Pandora» musicalmente es divertida. La letra no dice nada nuevo. Esto de encontrar la salida de emergencia y no poder salir, lo vivimos. Tener un candidato a presidente que hoy está preso y mañana puede volver a gobernar, también.  Son cosas de un país que da sorpresas. Igualmente puede pasar en cualquier lugar del mundo. El otro día vi la serie Chernobyl y me horroricé. Nunca imaginé que eso podía haber pasado hace poco y ahí que abrí los ojos, me dije: ‘somos una bomba de tiempo’. Podemos volar por el aire en cualquier momento por culpa de tres pelotudos con ideologías idiotas. Es el mundo en el que nos toca vivir.

– Al momento de encarar un disco cómo «Infierock», ¿cuánto cuesta el trabajo de despojarse de lo musical y compositivo para no asemejarse a lo que hacés en Rata Blanca?

Tengo a favor y en contra ser la voz conocida de Rata Blanca. En todos mis discos me diferencié de la banda. Rata es un formato clásico. Acá trato de hacer una música y una composición distinta, agrego muchos arreglos de teclados, voces, coros y un poco de música industrial. Lo que siempre está es la balada, el medio tiempo que me identificó por muchos años. Pero trato de hacer álbumes que no tengan nada que ver porque no tendría razón de ser. Cuando uno hace un trabajo discográfico quiere que suene en todos lados. No soy un gran vendedor de discos, pero si soy un artista con trayectoria y que cuando aparezco, la gente dice ‘Uy, todavía existe’. Y lo grato es que la gente sepa que sigo cantando en Argentina y que hago shows cuando puedo. Hoy aparece un youtuber y te pasa por arriba. En un día tiene 100 mil seguidores y yo la vengo remando hace 20 años (risas). Son los tiempos que corren. Mi hijo es una especie de youtuber y hasta tiene auspicios.  Y yo le digo ¿cómo hago? para hacer lo mismo (risas). Se manejan otros tiempos.

– Si vos tuvieras que crear tu propia biografía, ¿quién es Adrián Barilari?

Es una persona que nació con padres de clase media baja y que siempre vivió en un barrio humilde como Lugano. Siempre fuimos una familia grande, descendientes de italianos. Siempre alguien se dedicó a la música y a mí me tocó cantar. Mi sueño de chico no era cantar, me daba mucha vergüenza. Si hacer deporte. Pero a Barilari en la rueda de la vida le cayó la ficha de cantante. Nunca estudié canto. Por eso me llama mucho la atención que yo tenga que hacer esta profesión que hoy amo y que de pibe odiaba porque me subían a una mesa o silla a cantar y pasaban la gorra. En la escuela primaria terminé cantando en los actos, en la secundaria tenía que armar una banda y en la colimba formé una banda. Un día me encontré conmigo mismo y me dije ‘tenés que hacer esto hermano’. Tuve muchas bandas y, al fin y al cabo, me encontré a los 29 años con la llamada de Walter Giardino para entrar a Rata Blanca.  Me di cuenta que todos esos años que habían pasado fueron el aprendizaje para ser hoy quien soy. Y Adrián Barilari aceptó que es cantante. Eso soy yo. Es lo único que pueda hacer.

– Y de acá en adelante ¿qué te gustaría que pase?

Me gustaría que pase algo que nos mejore la calidad de vida. Si nos pasa a todos, nos pasa a Rata y a mí. No quiero ser egoísta, A mi me pasaron muchas cosas buenas. Es un deseo que lo siento con más fuerza. No me gusta ver lo que hay en la calle. Tengo la surte de viajar y ver como todos los países crecieron y que nosotros nos hayamos quedado en todo sentido. En los 90, cuando viajaba, yo quería volver a Buenos Aires porque era Europa en el sur y, con el tiempo, vi como eso se fue transformando en otra cosa. No te digo volver a tener el país de los 90, pero sí el modelo de vida. Y hasta antes inclusive. Es un deseo, nada más que eso. No se que es la grieta, pero esto de que se disuelvan familias por banderas políticas es una cagada. Muy lejos quiero estar de eso. Yo recuerdo los domingos en familia comiendo fideos y no éramos millonarios.  Perdí amigos por culpa de discusiones estúpidas por política, que a mí no me da de comer. El deseo es que las cosas vuelvan a ser más normales.

– ¿Cómo fue tener una banda en la colimba?

Estuve 14 meses en marinería y armamos Siddartha, una banda coral con flauta y guitarra acústica. Después fuimos convocados nuevamente a Puerto Belgrano para tocar para los colimbas a los cinco meses de salir. Fue un flash. Volvimos ahí con los pelos largos. No podían entender que habíamos hecho la colimba ahí. Tuve un servicio militar que me ayudó y me enseñó, mis mejores amigos salieron de ahí.

– ¿Qué hay de cierto sobre el mito de que solías frecuentar asiduamente el cementerio de la Chacarita? ¿Eras vos el que cantaba por ahí? 

(Risas) Sí trabajé en el gobierno de la Ciudad, pero no era yo. Una vez me presentaron a este personaje que creo que todavía está ahí. No éramos iguales, pero tenía el pelo largo y la misma altura. Entonces empezó a correr el mito de que era yo.