Fito Paez repasó su prolífico repertorio ante un Hipódromo de Palermo colmado

Fito Paez ofreció un inolvidable concierto ante un Hipódromo de Palermo colmado por 15 mil personas con el que prácticamente despidió a su último exitoso disco “La Ciudad Liberada”. El rosarino aprovechó para repasar parte de su prolífico repertorio, en un recorrido en el que combinó canciones de tono catártico y composiciones de carácter más luminoso.

En el marco del Movistar Fri Music, el destacado artista rosarino desplegó a lo largo de poco más de dos horas y media de show todos los matices de su extensa obra, con hits capaces de ser coreados por la multitud, soberbias baladas con refinadas líricas, potentes pieza rockeras y el rescate de algunas joyas ocultas de su repertorio, un combo que encuentra en “La Ciudad Liberada” su más acabado compendio.

Gentileza Movistar

Además de haber estado acompañado por su ya afianzada banda, integrada por Juan Absatz, en teclados; Diego Olivero, en bajo; Gastón Baremberg, en batería; Juani Agüero, en guitarra; y Anita Álvarez de Toledo, en coros; Fito contó con el legendario David Lebón como invitado de lujo, quien sumó sus incendiarios solos de guitarra y su voz a su clásico “Copado por el diablo” y a “Ciudad de pobres corazones”.

A las 18.30 en punto, el rosarino inició el maratónico concierto con el “Tema de Piluso”, su dulce homenaje al entrañable personaje infantil del recordado Alberto Olmedo; continuó con la cruda canción que le da nombre a su último disco; echó una mirada al pasado con la inoxidable “Giros”, uno de sus tantos picos creativos; volvió a su más reciente placa con su costado más “amable” a partir de “Aleluya al sol”, “Wo wo wo” y “Tu vida, mi vida”; y se puso rockero con “Naturaleza sangre”.

Este comienzo dio la pauta de lo variado que puede resultar el extenso repertorio del rosarino como así también de los hitos que fue marcando a lo largo de sus más de 35 años de trayectoria artística.

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En este plano, fue ineludible su paso por el gran mojón comercial que resultó en su carrera el disco “El amor después del amor”, de 1992, con la canción homónima; “Thelma y Louise”, del que se ufanó de haber sido “el primer tema feminista allá en los `90” y “Un vestido y un amor”, probablemente una de las más bellas canciones de amor del rock argentino.

La cita a ese disco continuaría en distintos pasajes del show con “Tumbas de la gloria” y las infaltables “Brillante sobre el mic” y “A rodar mi vida”, dos números puestos a la hora del cierre hitero.

Pero entre el artista enamorado que engendró ese exitoso álbum y la promesa juvenil que asombraba con “Giros” y “11 y 6”, se ubica también el “reviente ochentoso” plasmado en “Polaroid de locura ordinaria” y la ya mencionada “Ciudad de pobres corazones”.

Como si todo eso no alcanzara, también habría lugar para el rescate de joyas perdidas como “El jardín donde vuelan los mares”, presentada como “una canción que hace mucho que no tocamos y que quiero mucho”; o “La despedida”, cuyo carácter tanguero quedó resaltado en la excelente interpretación de María Campos, la otra invitada de la noche.

De su nueva placa también sonaron la testimonial “Islamabad”; “Plegaria”; “Se terminó”, una lectura de Paez a estos tiempos de post-verdad y la instrumental “5778”, que bien podría haber sido la banda sonora de “2001: Odisea del espacio”, la película de Stanley Kubrick.

“Es un mundo de charlatanes y yo también lo soy, pero algunas palabras aún las puedo cantar con la frente alta. Estas, por ejemplo”, expresó el rosarino antes de “Al lado del camino”, su confesión más personal e íntima hecha canción.

Pero tal como quedó claro a lo largo del concierto, en las innumerables veces que reclamó mayor participación del público, el músico pareciera necesitar de los cierres hiteros, por lo que resulta infaltable su conocida seguidilla final, con “Circo beat”, “”Mariposa technicolor”, “Dar es dar”, “Y dale alegría a mi corazón” y “El diablo de tu corazón”, entre otros clásicos.

La promesa de un inminente nuevo disco y la certeza de que Fito puede ser tan profundo y genial como desbocado en su obra, quedaron flotando en el aire de Palermo cuando el rosarino puso el punto final a un intenso show.

 

(Con información de Télam)