Murió Aretha Franklin, la “Reina del Soul”

La legendaria Aretha Franklin murió hoy a los 76 años, según informó su publicista a la agencia AP.  La cantante llevaba varios años con graves problemas de salud y sufriendo un cáncer de páncreas, y el año pasado ya tuvo que abandonar la música por recomendación médica.

Franklin se encontraba ya muy grave, en Detroit, rodeada de su familia y amigos cercanos. Nacida en 1942 en Memphis, era hija del predicador Clarence LeVaughn Franklin y la cantante de gospel Barbara Franklin.

Llevaba en la música desde los años 50, donde comenzó una carrera artística muy influenciada por el ambiente gospel y algunas de las mejores voces del jazz como Dinah Washington y Ella Fitzgerald. Con tan solo 14 años hizo su primera grabación.

Fue en 1960 cuando abrazó el soul y comenzó a convertirse en una leyenda. Con su primer single que grabó con Atlantic Records, «I never loved a man the way I love you», la «Rolling Stone» ya hablaba de cómo Franklin había hecho una «maravilla soul». En 1967 grabó «Respect», uno de sus temas inolvidables.

En la década siguiente Aretha hizo versiones de temas del rock y el pop y se convirtió en una artista totalmente consagrada.

A lo largo de su trayectoria ha ganado dieciocho premios Grammy. Además, el 3 de enero de 1987 fue la primera mujer en entrar en el Rock and Roll Hall of Fame.

La última actuación de Aretha Franklin fue en noviembre de 2017 para un concierto en Nueva York de la Fundación Elton John para la lucha contra el sida.

La música de Aretha Franklin está íntimamente ligada con las luchas por los derechos civiles en Estados Unidos, a las cuales contribuyó con su arte. Así, queda en la memoria su presentación en el funeral del reverendo Martin Luther King, con el tema “Precious Lord”.

 De niña, ella y su familia viajaron por Estados Unidos con King como parte de caravanas religiosas. “Por el Dr. King y el movimiento de derechos civiles, mi vida cambió para siempre”, dijo en 2014, durante la premiere de la película Selma.

Aretha Franklin vivió en carne propia la segregación racial de Estados Unidos. Ella recuerda muy bien que algunos negocios incluso le negaban el ingreso, incluyendo restaurantes; mientras que algunas gasolineras se rehusaban a prestarles el baño.