Vero Vera: “Me conmueve la honestidad en el arte”

Por  Daniel Accornero

“Cuando empecé a mostrar mi música jamás se me cruzó de tener un rótulo en la música. Yo hago canciones. En el momento de la creación soy totalmente inconsciente, parte de un capricho, un color, una letra, es el puntapié para que se convierta en una canción. Y ahí aparecen todas las músicas que están dentro mío. Por eso no puedo decir a quién me parezco. Crecí escuchando rock nacional, también a Michael Jackson, los tangos que ponía mi viejo, el soul que me cautivó mientras crecía. Pero no me importa darle un nombre,  son fotos mías, todas súper diferentes”.  Vero Vera habla con tono pausado, con dulzura. Sus definiciones son precisas.

Cantante, compositora, actriz. Grabó piezas musicales para publicidad, cine y televisión. También acompañó como coreuta a reconocidos artistas como Lali Espósito, Tini Stoessel, Valeria Lynch, Marcela Morelo, Hilda Lizarazu, Juan Carlos Baglieto, Dancing Mood y David Lebón, entre otros.

“Gracias a Dios puedo trabajar de lo que amo y eso es un privilegio en la actualidad. Me considero dichosa en este país, donde todo es bastante azaroso.  Mirá qué arbitraria es la vida. Doy clases, soy docente y tengo alumnos de todas las edades. Con realidades distintas. Tengo una alumna de Recoleta y otra de Avellaneda que vienen los sábados. Y veo los sacrificios que hace la familia de la chica de Avellaneda. Las dos tienen talento, pero muchos se pierden.  Imaginate el pibe que tiene que trabajar desde chico con su papá, ¿qué posibilidades tiene de formarse, por más talento que tenga? También muchas cosas te llegan por lobby. Yo le tengo que agradecer a la vida de poder vivir de esto. Para mí ya está: hacer  música y que alguien pueda escucharla, es un montonazo”, dispara Vero en diálogo con Pogo de Rock.

 

 

Se te nota muy detallista, obsesiva…

(Risas) No me creo feliz por ser obsesiva. En la vida soy muy dispersa, volada. Pero como contrapartida, a lo que me dedico soy muy obsesiva. Estoy pendiente todo el día, pero no sé si está muy bueno, no lo quiero para mis hijos, pero es la manera que tengo de funcionar. Gente que uno admira en el arte es súper obsesiva. Capaz sea la manera, estar tan tomados de tu pasión. Pero no tengo una explicación. ¡Mejor se la dejamos para los especialistas!

Hablando de gente que admirás, ¿cuáles son tus referentes?

Me gusta la palabra referente. Tengo gente que admiro mucho, artistas de acá como Charly, Cerati, Spinetta, Paez, Goyeneche, Piazzolla, el Cuchi Leguizamón, gente que estuvo siempre en otro plano. Que con su mirada iluminó aristas diferentes hasta ese momento en la música. De afuera, Bjork me parece una artista gigantesca. No te puedo citar uno, sino miles. Todos por cosas diferentes: ser compositores increíbles, instrumentistas. Me conmueve la honestidad en el arte, el poder arrancar un pedazo de sí y metabolizarlo con la música. Eso me emociona mucho.

 

¿Qué cuidado tenés con la voz, tu herramienta de trabajo?

Si, trato de cuidarla. Dormir mucho, algo que influye dramáticamente. Por eso duermo mis ocho horas religiosamente.  Cuidados básicos como no gritar,  no fumar (cuando puedo lo hago). No entreno todos los días porque soy una vaga. No soy buena con la rutina porque es algo que me cuesta. Pero cuido a mi voz porque la quiero mucho. En la medida que me pueda organizar, lo hago.

En “Deja Vu”, su segundo trabajo, Vero terminó de moldear su identidad musical: en diez canciones propias explota su lado compositivo enérgico y original, combina el pop con el electro funk, y consigue una decena de temas  que logran sacar a esta artista de un solo género. En “Deja Vu”, una mujer habla de amores y desamores en diferentes colores y temperaturas. La voz de Vero  muta canción a canción, logrando así mostrar la riqueza y su versatilidad como artista.

Me sorprendió el tema “Lluvia tu nombre”…  

Es el que más me gusta (risas). Lo amo. Cuando terminamos la producción me muestran los arreglos de cuerdas y la mezcla y me puse a llorar como una criatura. Siento una desnudez fuerte. Cada vez que lo escucho siento cosas. Es un freno de mano al resto de los temas del disco.

 

 

Ahí radica la importancia de un buen productor como el uruguayo Rodrigo Vicente…

Hay cosas puntuales en la elección de Vicente que tienen que ver con el músico que es. Sabía que iba a comprender todas mis inquietudes cuando llevé el material. No quería tener nada de referencia. Quería indagar para lograr una identidad. Sea cual fuera. Nos juntamos durante un año, dos o tres veces por semana. Muchas horas. Discutimos por los sonidos, yo llevé las maquetas y él se acopló con respeto, sensibilidad, creatividad y amorosidad. Le agradezco un montón.

¿Cómo es tu proceso compositivo?

Hay temas que salieron de una caminata. Otros de sueños y despertar y grabar una melodía o los acordes. Por ejemplo me levantaba y lo tocaba en el piano. Creo en un proceso creativo caótico, confío en eso. Encuentro cierta verdad y riesgo en esa manera de componer, que respeto. Y creo que todos tenemos estímulos diferentes y está bueno que sea así.

¿En qué te ayuda tu formación actoral?

La actriz me aparece más en la composición de los temas que arriba del escenario.  En la forma de contar las historias está la actriz. Me gusta la actriz haciendo música.